Editorial
Abstract
Hablar de inocuidad alimentaria y seguridad hídrica en el siglo XXI debería ser un debate superado. La humanidad dispone del conocimiento científico, la capacidad tecnológica y los recursos necesarios para garantizar el acceso universal a alimentos seguros, nutritivos y agua segura. Sin embargo, la realidad global muestra un escenario distinto y preocupante. Millones de personas continúan enfrentando hambre, desnutrición, riesgos en su alimentación y acceso limitado a agua potable, situaciones que afectan con especial gravedad a niños, niñas y comunidades vulnerables. Esta persistencia no solo evidencia brechas estructurales, sino también la insuficiencia de políticas públicas, modelos económicos y compromisos colectivos
para revertir estas condiciones.




